The blower's daughter

     

martes, noviembre 30, 2004

 
melancólica y premenstrual. ¿Qué más se puede pedir?

Ayer tuve que ir a recoger el título de bachillerato al instituto para entregarlo para entrar en la bolsa del hospital. En el autobús me fui poniendo cada vez un poco más triste porque me empecé a acordar de lo bonito de aquellos años, de lo que había cambiado todo. Sabía que no iba a encontrar mi insituto de siempre sino sólo unas aulas prefabricadas. Además, llovía.

Nada más llegar me encuentro con una amiga de mi clase que ahora está haciendo un ciclo, y al ir a darme los dos besos me dice "ey, ¿Qué tienes ahí?", por supuesto, refiriéndose a mi herida de la cara (casi curada). Y ya no me dio los dos besos. Gracias a ella encontré secretaría. Y allí estaba mi adoradísima profesora de filosofía. Me salió del alma gritarle en el pasillo "Rosana...", con cierto aire de melancolía. Lo primero que me dice "ay, no has cambiado nada". Yo, que venía pensando alrededor de media hora justo lo contrario... Me espero a que me den el título y ella acabe de hablar con la jefa de estudios, pero anda ocupada y me dice que quedemos un día para toamr algo y charlar. La verdad, me debió notar algo perdida, pero en realidad estaba increiblemente melancólica. "¿Qué tal te va todo, bien?" "Sí, bueno..." "Claro África, tu nunca has tenido problema". No, claro, yo NUNCA he tenido problema... Eso también ha cambiado.

Vi a gente que ya no pensaba que seguía allí, vi a profesores míos de lejos a los que ya no me atreví a gritarles para hablar con ellos. Volví a ver a las de secretaría comiendo pastas, como cada Navidad, y sólo una de ellas me reconoció. Claro, es la madre de un amigo.

Tenía que esperar el autobús al lado de un colegio. Había una niña que se llamaba África. Casi me pongo a llorar. Cuando somos niños queremos ser mayores, y ahora que somos "mayores" morimos por ser niños. La única diferencia que hay es que nosotros sabemos que ya nunca podremos ser como ellos. Tuve que hacer un esfuerzo por dejar de mirar a esa niña, porque ya pensaría que era una psicópata o algo porque no le dejaba en paz.

De repente bajó la calle una madre con una niña muy muy sonriente en un carrito de coches. Era como si de repente hubiera visto toda mi vida desde ahora hacia atrás. Me quería quedar en algún día del pasado, de esos cuatro años de insituto, o de esos ocho de colegio, donde tantas discusiones eran tan absurdas...

Y en estos días me han dado ganas de gritar: no te vayas nunca, por favor.

Todo se va...

y el primer cuento de Bestiario, de JulioCortázar, CASI me hace llorar en clase.

Ains...