The blower's daughter

     

sábado, agosto 20, 2005

 
En el colegio era la mejor de la clase. Siempre lo fui. Pequé de sabelotodo. Como Lisa. En esos libros de primaria que tienen un espacio para responder, yo ponia ¿es que eres tonto o qué? Y la profesora me riñó. No me aburría en clase, no era superdotada, no lo soy. Pero lo veía todo muy obvio.

En segundo me costó aprenderme las tablas de multiplicar. Y siempre he sido la peor en clase de gimnasia.

Era la mejor de la clase y muchos me odiaban. Arrastro el título de empollona. Pero caía bien a algunos. A bastantes. Era la amiga de la guapa. Siempre he sido la amiga de la guapa, la que conseguía las citas y eso. No para mí.

En el instituto tuve más problemas todavía. Seguía siendo la empollona que encima no se depilaba las cejas. Eso durante la ESO. Mi instituto no era precisamente el mejor. Pero yo sí lo era en inglés, y en cultura clásica. Pero ahora visto después de unos años, veo que quizá no tiene mérito viendo los engendros que me acompañaban en clase.

En bachillerato parece que todo cambió. Ya la clase era más selecta. Y no era empollona. Me gané el título de inteligente. Yo siempre dije que no era ni una cosa ni la otra. Que solo tenía facilidad para estudiar. Que de pequeña había leido muchos libros y eso se tenía que notar.

Es que de pequeña dejé los PinYPon por los libros. Otros los dejaron para bajarse a la urbanización. O para ir a discotecas de quinceañeros. Pero yo no.

En segundo de bachillerato me sentía muy orgullosa de mí misma. Fue un esfuerzo continuo, un perfecto equilibrio entre estudio y ocio. Mi mejor año en cuanto a rendimiento. Estudiaba los lunes, pero me iba a merendar al McDonalds. Estudiaba los miércoles, pero veía videoclips durante horas. Y el día de antes de un examen, salvo para historia, no me hacía falta estudiar. La profesora de Filosofía me llegó a perdonar un examen porque tenia claro que yo me lo sabía. Sí sí. Platón era. Fui la única que comprendí el mito de la caverna el primer día. "O sea que nosotros somos los que estamos en la cueva, ¿no?" Y la profesora se quedó quieta.

Cuando comía veíamos SaberYGanar, pero nunca sabía ninguna respuesta.

Tenía mucha ansia por aprender. Pero nunca me he considerado una chica aburrida.

Llego a la Universidad y me doy cuenta de que todo lo demás, lo de los años anteriores, no sirve de nada. En una clase de treinta yo era la mejor, pero no en una clase de cien. No sé nada, de nada. No comprendo los telediarios, ni leo los diarios de papel. Ni siquera los electrónicos. Mis compañeros hablan de películas y libros que hay que leer. Pero que yo no conozco. Y hacen las prácticas perfectamente.

Yo apruebo. Este año con buenas notas. Pero si estuviera en OT me dirían que muy por debajo de mis posibilidades. Pero me siento bien, oiga. No tengo que ser mejor que nadie. No quiero ser mejor que nadie.

Ahora tengo cinco libros empezados, y no consigo acabar ninguno. Me falta escuchar cientos de grupos, cientos de canciones, ver cientos de películas, y ponerme al día en cultura general.

Me siento cada vez más lerda. Para atrás. Pero me gusta.

Ni empollona, ni inteligente, ni la mejor de la clase. Pero ni vaga, ni tonta, ni la peor de la clase. Ahí es donde yo quería llegar.

META.