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miércoles, agosto 03, 2005

Me gusta llegar a casa con la compra hecha y estar sola. Tener que apagar la alarma rápido rápido. Y empezar a entrar las bolsas. Las dejo en la cocina. Enciendo el aire acondicionado. Enchufo la televisión de no ser que me apetezca mucho escuchar alguna canción en especial. Abro la CocaCola. Abro las patatas fritas. Y guardo la compra. Puede parecer una situación absurda. Pero me encanta.
Me gusta ver una película que tenga dentro de ella muchas historias de amor distintas y que en todas las historias haya algo que me resulte familiar. Por mí o por los demás.
Intento quedarme con las palabras bonitas de las películas de amor, pero no puedo.
Y si sale Londres en la gran pantalla, me pongo a aplaudir como una inútil en el cine. Y me siento igual de gilipollas que cuando en mi cama me pongo el repeat en el discman justo en esa canción que siempre me hará llorar. Y cuando el cantante sube el tono yo aumento mis lágrimas.
Sensible. Ya no sé cual es exactamente el día de mi ciclo hormonal que me hace estar así.
Necesito que vengan, me tapen los ojos, me pongan una canción, y me abracen. Necesito volver a sentir esa sensación del espejo...
Necesito llorar o por pena o por alegría o por dolor. Pero no por todo a la vez.
Dejar de echarte de menos. Porque ya hacen muchos años. Pero no me acostumbro. Esto es increíble.
Africa 6:38 p. m.
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